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¿Pueden los robots tener ética y moral?

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Diseñar robots éticos y morales que distingan entre el bien y el mal es en el futuro una posibilidad tecnológica real.

Es un hecho la existencia de robots que ejecutan tareas complejas e inteligentes, que interactúan con empleados y especialistas en fábricas (Cobots), que perciben el estado de ánimo de humanos, que se auto-reparan y aprenden por sí mismas; la pregunta ahora es: ¿podrá la Inteligencia Artificial (IA) crear robots que actúen motivados por una ética y una moral, podrá un robot distinguir entre el bien y el mal?

KEY INSIGHTS:

  • Hasta ahora el diseño de robots se ha basado en la idea de fabricar máquinas prácticas no sensibles.
  • Un robot ético y moral es una máquina automatizada capaz de distinguir entre el bien y el mal.
  • La pregunta clave para decidir si diseñar o no robots éticos es qué tan necesarios son.
  • Es muy posible que en el futuro la Inteligencia Artificial pueda diseñar robots éticos y morales.

Para responder esta pregunta debemos tener muy claro por qué y para qué queremos fabricar máquina automatizadas, robots, y hasta dónde queremos avanzar en su desarrollo y sofisticación; a partir de la respuesta que elaboremos es que podremos contestar dos cuestiones básicas: en primer lugar si es necesario construir robots éticos y en segundo si podemos hacerlo, aunque sea en un futuro no tan cercano.

Hasta ahora el diseño y la construcción de robots se ha basado esencialmente en la idea de concebirlos como máquinas útiles automatizadas, controladas por el hombre y no como máquinas que actúan de manera autónoma a partir de un modelo de comportamiento humano.

¿Es necesario construir robots éticos?

El objetivo de diseñar y utilizar robots responde a fines estrictamente prácticos; se trata de que una máquina automatizada sustituya la mano de obra humana, y realice tareas igual o mejor a como lo haría un empleado, un profesional o un especialista.

Desde que existen robots, la tendencia de su diseño y funcionalidad ha sido perfeccionar cada vez más su capacidad y destreza para intervenir en procesos muy diversos que van desde la fabricación de bienes manufacturados, juguetes, armas y transportación bélica, instrumentos para realizar operaciones quirúrgicas, herramientas educativas en las escuelas, hasta aparatos que fuera de la atmósfera terrestre actúan de forma automatizada en el espacio sideral o en algunos planetas o lunas de nuestro sistema solar.

Todos estos robots han pasado por un ciclo de evolución que va de lo elemental a lo complejo, ejecutando tareas que no sólo son iguales o mejores a las humanas sino también efectuando operaciones que los humanos no pueden realizar, es decir, que los robots cada vez están mejor diseñados y son más útiles y diestros, lo que no quiere decir que hayan dejado de ser máquinas que no sienten, ni experimentan cambios de ánimo, ni se apegan a otros seres, tal y como nos sucede a los humanos.

¿Qué tareas pueden hacer los robots?

El asunto es que los robots no sólo pueden servir para realizar tareas productivos, también podrían diseñarse para cumplir otros fines como convivir con humanos, acompañarlos e incluso tener relaciones afectivas o  de otro tipo con ellos –como el niño-robot de la película Inteligencia artificial de Spielberg; si esto llega a aceptarse, extenderse y comercializarse entonces sí se concebirá como necesario construir robots que tengan códigos morales como nosotros y que por tanto gocen, sufran, se rían y sientan todo lo que nosotros.

En cuanto a la necesidad real de diseñar y usar robots éticos podríamos decir que lo ideal es que más que éticos sean útiles y más que morales eficaces: ¿para qué queremos máquinas con estados de ánimo volubles, que se confundan o infrinjan las normas morales, lo que puede entorpecer la eficiencia práctica para lo que fueron creados?

¿Es posible y deseable construir robots éticos?

Aunque suene a sueño de ciencia ficción, el diseño y la fabricación de robots éticos es algo realmente posible en la medida en que sepamos replicar tecnológicamente las estructuras cerebrales que derivan en conductas morales humanas para que funcionen en una máquina; es decir, que mientras más sepamos cómo funciona nuestro cerebro más cerca estaremos de poder reproducir artificialmente sus funciones específicas.

En la actualidad sabemos qué la parte del cerebro donde se elabora y deriva la ética y la moral es la corteza prefrontal ventromedial; así que conforme los especialistas descubran y sepan a precisión cómo funciona esta parte del cerebro humano, que sustancias intervienen en él, cómo actúa aquí la bioquímica, etc., estaremos cerca de poder replicar esta estructura e instalarla en un robot que actúe en consecuencia.

La pregunta sigue siendo si verdaderamente necesitamos robots éticos y morales o sólo robots prácticos y funcionales, pero de que es posible diseñar robots éticos, aunque sea dentro de muchos años, es posible; las generaciones futuras decidirán qué hacer.

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Autor: Jorge García

Escritor e investigador, de temas relacionados con la juventud, la lingüística, la literatura y el futuro de la cultura, su interés principal es estudiar y reflexionar sobre los riesgos y beneficios de la artificialidad tecnológica. Actualmente escribe un libro sobre ello.

Autor: Jorge García

Escritor e investigador, de temas relacionados con la juventud, la lingüística, la literatura y el futuro de la cultura, su interés principal es estudiar y reflexionar sobre los riesgos y beneficios de la artificialidad tecnológica. Actualmente escribe un libro sobre ello.