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¿Qué es y cómo funciona un robot emocional?

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Además de realizar tareas prácticas un robot emocional es capaz de percibir e interactuar con los sentimientos y estados de ánimos de las personas.

Al principio fue la imaginación literaria y las fantasías de la ciencia ficción quienes inventaron seres automatizados que hoy llamamos robots, pero luego la tecnología fue capaz de crear máquinas autómatas que actúan por sí mismas y que pueden tener diversos usos realizando de manera impecable toda una serie de operaciones sin la  intervención humana.

KEY INSIGHTS:

  • Un robot emocional está diseñado para detectar los sentimientos de las personas.
  • Con Inteligencia Artificial es posible diseñar un robot que interprete y responda a los estados de ánimo de los humanos.
  • A diferencia de otro tipo de robot, el emocional es capaz de aprender por sí mismo mientras realiza actividades.
  • Un robot emocional es capaz de entender y responder a los sentimientos de las personas pero no de experimentarlos.

En la actualidad la Inteligencia Artificial (IA) está creando robots que no sólo ejecutan tareas programadas previamente sino que también interactúan de manera práctica y mecánica (no emocional) con operadores y empleados –los cobots–, que ya son parte del universo tecnológico, por ejemplo, de las ensambladores de automóviles; pero además, la IA está desarrollando robots que además de hacer equipo con los humanos puedan comunicarse en un plano emocional con ellos. 

¿Qué es un robot emocional y cómo funciona? 

Podemos definir a un robot emocional como una máquina que además de poseer cualidades operativas práctica sea capaz de desarrollar un lenguaje que le permita comunicarse con los distintos estados de ánimo de las personas con quien interactúa.

Se ha dicho que los robots han sido diseñados más para relacionarse con cosas que con personas, lo cual es cierto, y que relacionarse con personas implica crear nexos que vinculen a la máquina y a los humanos en un nivel no sólo pragmático sino también emocional; de ahí que para que sea completa la comunicación entre robots y humanos se tiene que tomar necesariamente en cuenta la parte sensible propia de los seres humanos.

La pregunta clave que debemos hacernos es la siguiente: ¿es realmente necesario que un robot tenga una conexión emocional con los humanos o tenerla no le agrega un plus de utilidad e inteligencia a una máquina?

Si concebimos a un robot como un autómata que está programado para operar a partir de una lógica que no acepta otras variables más que para las que está programado, entonces la respuesta a la pregunta es: sí es necesario que un robot amplíe su capacidad cognitiva y perceptiva con los humanos con quien va a interactuar porque hacerlo lo vuelve más útil, capaz e inteligente, lo que directamente beneficia quehaceres –incluyendo los empresariales– de todo tipo.

El punto clave de lo anterior es que la concepción de un robot emocional se basa en que no sólo está diseñado para realizar operaciones programadas, sino también, y sobre todo, para aprender por sí mismo en el momento en que efectúa sus operaciones, es decir, que la creación de robots que tienen la capacidad de percibir las emociones de sus interlocutores  humanos –esto es de seres que sienten y no sólo piensan– implica la función de autoaprendizaje que la máquina debe poseer justamente para reaccionar de manera no programada a partir de los cambios de estado de ánimo de los operadores con quienes se va a relacionar.

Se trata entonces de personalizar lo más posible la relación robot-humanos para que la comunicación se amplíe y deje de ser meramente mecánica, lo que necesariamente generará que el robot rinda más y funcione mejor en las tareas que se le encarguen.

Uso práctico de un robot emocional

Hasta aquí no hay ciencia ficción sino posibilidad real de que esto suceda –de hecho ya sucede; dejemos claro que lo que existe hasta ahora es un robot que percibe las emociones de los humanos, que lee artificialmente sus estados de ánimo, pero que es incapaz “en su interior” de sentir y experimentar él mismo emociones; es decir, que en la actualidad estamos en condiciones de crear una máquina que percibe nuestra emocionalidad y reacciona ante ella, pero que no por ello es un sujeto con sensibilidad y capacidad de reír, llorar, enojarse, alegrarse, etc., lo que no significa que en el futuro no sea posible.

La utilidad de un robot emocional aplica tanto para empresas manufactureras que encuentran en él una forma dinámica y eficaz de realizar tareas sofisticadas de IA, como, por ejemplo, para la educación de los niños, donde un robot de este tipo puede perfectamente –como ya se hace en algunas partes del mundo– fungir de maestro e interactuar con los alumnos de manera efectiva; de igual modo, un robot emocional puede ser altamente beneficioso en terapias de niños con problemas de aprendizaje o con padecimientos autistas.

Estos y otros usos por inventarse los puede realizar un robot emocional, que bien puede integrarse a tu empresa o negocio.

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Autor: Jorge García

Escritor e investigador, de temas relacionados con la juventud, la lingüística, la literatura y el futuro de la cultura, su interés principal es estudiar y reflexionar sobre los riesgos y beneficios de la artificialidad tecnológica. Actualmente escribe un libro sobre ello.

Autor: Jorge García

Escritor e investigador, de temas relacionados con la juventud, la lingüística, la literatura y el futuro de la cultura, su interés principal es estudiar y reflexionar sobre los riesgos y beneficios de la artificialidad tecnológica. Actualmente escribe un libro sobre ello.